LA PUERTA DE ALCALA

Historia de la Puerta de Alcalá

 

La Puerta de Alcalá se encuentra en la Plaza de la Independencia junto a la Fuente de Cibeles y el Parque del Retiro.

Construida por Carlos III en sustitución de una puerta del siglo XVI, es diseñada por Francesco Sabatini en 1778 y está considerada como Monumento Histórico-Artístico, pertenece a una de las cinco puertas reales que daban acceso a Madrid. Carlos III edificó la puerta como símbolo conmemorativo de su entrada en Madrid.
 
Madrid en su origen, contaba con numerosas puertas de acceso a través de su muralla, puertas de registro donde se realizaban el pago de los impuestos, como la puerta de Segovia (Puente de Segovia), Guadalajara, Atocha, Toledo, Alcalá y Bilbao.
 
De estilo neoclásico, similar a los Arcos de Triunfos romanos, ha sido restaurada en cinco ocasiones y es uno de los monumentos más representativos de Madrid. En su fachada interior, figuran las cuatro virtudes cardinales (Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza) talladas en piedra caliza, contrastando su estilo barroco con el neoclásico de la puerta.
 
Las decoraciones son diferentes según el lado desde el que se observe (interior o exterior). El lado exterior mira al este, por donde accedían los viajeros al llegar a la ciudad, el lado oeste en cambio era observado cuando se marchaban de la ciudad.


Restauraciones

Ha sido restaurada en cinco ocasiones respetando siempre el origen de los materiales y manteniendo  intactos los impactos de proyectiles.
 
Restauración en 1869, donde se diseña un entorno en forma de plaza.


  Restauración en 1904, se realiza un lavado y limpieza así como la restauración de algunas figuras de la cornisa.

 

  Restauración en 1959, restauración de algunas figuras de los frontones.


 4ª Restauración en 1979, en la celebración del 2º centenario de la Plaza de la Independencia.


 5ª Restauración en 1992, renovación de la cubierta de plomo en mal estado.

 

La Puerta de Alcalá, ha sido espacio de propaganda y ha vivido numerosos acontecimientos de celebración y otros no tanto como:
 
En 1823 recibió impactos de varios proyectiles durante los Cien Mil Hijos de San Luis (se pueden contemplar aún en su fachada).
 En 1931 debido al aumento del tráfico, sufre la degradación de sus piedras por la elevación de gases.
 En 1976 se instala un belén bajo el arco central. Es declarado Monumento Histórico-Artístico.
 En 1986 los cantantes Víctor Manuel y Ana Belén graban la canción “La Puerta de Alcalá.
 En 1992  para la renovación de la cubierta de plomo, es tapada por una lona con dibujos del humorista gráfico Antonio Mingote con escenografía de diversas escenas madrileñas.
 En 2001 se cubrió con 45.000 ejemplares por un proyecto de la UNESCO de donación de libros para Centroamérica.
 En 2004, por la boda del príncipe Felipe, tuvo una iluminación especial realizada por el interiorista Pascua Ortega.
 En 2006, durante La Noche en Blanco, es utilizada como fondo para la proyección en la que cientos de personas se deslizaban sobre la fachada (por el artista Daniel Canogar). Además se sustituyó el paso subterráneo de peatones por un paso en superficie.
 En 2010 se celebraron conciertos de la Europe Music Awards, por la MTV.
 
La Puerta de Alcalá es y será siempre uno de los iconos más importantes de Madrid.
 

 

 

LA PLAZA MAYOR

La laguna de Lujan y los orígenes de la Plaza Mayor

La Plaza Mayor en sus orígenes fue conocida como la plaza del Arrabal, al situarse en el arrabal de Santa Cruz, fuera del recinto amurallado de la ciudad. Muy cerca de la famosa puerta de Guadalajara, en la confluencia de los caminos de Toledo, Alcalá y Atocha. El lugar elegido fue una antigua laguna desecada perteneciente a la familia de los Lujanes. La Plaza estaba formada por un mercado sin ningún orden ni concierto, bajo los soportales de algunas de las casas de los comerciantes que vivían en esta zona, en su mayoría judíos.

De Laguna a Plaza

El hecho de elegir este apartado lugar para el comercio, no era otro que evitar el portazgo, la tasa comercial que había que pagar por la venta de mercancías dentro de la ciudad. De esta manera, las mercancías que se vendían en la plaza del Arrabal eran más baratas que en los mercados intramuros. Esto creó un gran movimiento de mercaderes y compradores en torno a este lugar, convirtiéndose en poco tiempo en una de los plazas más frecuentadas por los madrileños.

En el año 1463 Enrique IV, hermano de Isabel la Católica, concedió a la Villa de Madrid el privilegio de celebrar todos los meses una feria. En un primer lugar se empezó a celebrar en las inmediaciones de la desaparecida iglesia del Salvador, pero finalmente ésta acabó trasladándose a la ya famosa y animada plaza del Arrabal.

Poco a poco se fueron creando en torno a los límites de la Plaza una serie de viviendas de mejor factura que fueron ennobleciendo la zona y dándole un aspecto más urbano. En el año 1494, en época de los Reyes Católicos la plaza del Arrabal empezó a regularizarse tanto en el sentido urbanístico como comercial, según las disposiciones reales.

La llegada de los Austrias: El gran cambio de la Plaza Mayor.

Planta y alzado de las cuatro fachadas de la Plaza Mayor, con indicación de los dueños y vecinos. 1636 Archivo de la Villa
Planta y alzado de las cuatro fachadas de la Plaza Mayor, con indicación de los dueños y vecinos. 1636 Archivo de la Villa

La decisión de Felipe II de convertir Madrid en la capital de su imperio, en 1561, fue un hecho crucial que marcaría para siempre la fisonomía y el destino de la futura Plaza Mayor; la cual a pesar de la expulsión de los judíos decretada por los Reyes Católicos, seguía manteniendo un fuerte carácter comercial con una gran importancia para la ciudad. La Plaza pasó de ser una zona marginal y aislada, a convertirse en un foco de atracción tanto de la vida comercial y como de la vida social de Madrid. Este hecho hizo bascular el eje urbano de la Villa para pasar a ser la Plaza Mayor la verdadera protagonista.

Felipe II decide en 1581 dar a la plaza Mayor la solemnidad necesaria para un lugar que comenzaba a ser el gran escenario de los acontecimientos comerciales, culturales y políticos de la época. Ejemplos de esta tipología de plaza no faltaban, ya que en Valladolid se había terminado en el año 1561 su plaza mayor y las ordenanzas de 1573 sobre las nuevas poblaciones en las Indias, determinaban con detalle las formas y funciones que debían tener las plazas.

Perspectiva de la Plaza Mayor 1634. MUSEO DE HISTORIA
Perspectiva de la Plaza Mayor 1634. Museo de Historia

Las primeras trazas fueron encargadas al arquitecto Juan de Herrera. Y ya en 1591 se empieza a denominar Plaza Mayor, a la que se hace referencia como plaza con soportales de madera. A comienzos del siglo XVI, reinando Felipe III, su aspecto era ruinoso y destartalado; Es entonces cuando el monarca ordena la reestructuración de la Plaza Mayor, en la cual curiosamente, había sido proclamado rey. La Plaza tomó un aire majestuoso, con una mayor amplitud y mayor dignidad, que iba en consonancia con boato de la dinastía de los Austrias.

En 1608 el arquitecto Francisco de Mora recibió el encargo de “cuadrar la plaza”. Pero no sería hasta el año 1617 cuando su sobrino Juan Gómez de Mora comenzase la creación de la gran Plaza Mayor de Madrid. La Plaza fue concebida enmarcada dentro de un rectángulo de 152 metros de largo por 94 metros de ancho.

Cava de San Miguel con los edificios en talud
Cava de San Miguel con los edificios en talud

Estas medidas no fueron elegidas al azar, sino que fueron el resultado de aplicar la sección áurea a las proporciones de la Plaza. Como la Plaza Mayor se había levantado en una plataforma artificial sobre la antigua laguna de Luján, Gómez de Mora supo solventar el desnivel que había entre la Plaza y la Cava de San Miguel mediante una serie de viviendas que servían como muro talud con forma de parábola invertida para sujetar la Plaza. El desnivel se salvó a través de una escalinata que conectaba la Cava con la Plaza a través de un arco. Arco que estaba llamado a convertirse en uno de los iconos de la ciudad: el famoso Arco de Cuchilleros. La plaza Mayor fue terminada en dos años y se invirtieron un total de 900.000 ducados para su construcción.

Los comercios en la Plaza Mayor se situaban en sus soportales a modo de lonja. La distribución obedecía a las indicaciones señaladas por los diversos gremios existentes. Según las directrices de los gremios, la distribución era la siguiente: En el lienzo de poniente debían estar los paños, en el meridional la Casa de la Carnicería, junto con el cáñamo y sedas, en el lienzo de levante, la quincalla, manteros y zapateros, y en el lienzo del norte, la Casa de la Panadería, sedas e hilos a excepción de la planta baja de la Casa de la Panadería donde estaba el Peso Real y Fiel Contraste. En el primer piso de la Casa de la Panadería se construyó el salón real con vistas a la Plaza a través del balcón real desde donde la monarquía asistiría a los eventos como espectadores privilegiados.

Plano de texeira de 1656. Museo de Historia
Plano de texeira de 1656. Museo de Historia

La Plaza Mayor fue un gran hito arquitectónico, ya que se convirtió en el espacio público más grande de Madrid. Además, la altitud de sus edificios, con un total de cinco plantas, la convertía en una auténtica atalaya, visible desde cualquier punto de la ciudad. Era la primera vez que la arquitectura se ponía al servicio de los madrileños, creando un espacio homogéneo, que serviría como telón escenográfico a los acontecimientos más importantes que sucederían a partir de ahora en la Villa y Corte.

A lo largo de sus 400 años de historia la Plaza Mayor ha servido de escenario para celebraciones de lo más variopinto. Comenzó su andadura con la inauguración oficial el 15 de mayo del 1620 con los actos de beatificación de San Isidro, posteriormente acogió de manera regular corridas de toros, juegos de cañas, grandes celebraciones religiosas, procesiones, torneos de todo tipo, mascaradas, representaciones teatrales, carnavales, danzas, tarascas, castillos de fuego , autos de fe, ajusticiamientos, coronaciones etc. 

Como una tragedia cambia la forma de la Plaza Mayor.

Vista del incendio de la Plaza Mayor, 1790. Madrid. Museo de Historia
Vista del incendio de la Plaza Mayor, 1790. Madrid. Museo de Historia

La historia de la Plaza Mayor ha estado marcada por tres grandes incendios en los años, 1631, 1672 y 1790. El último incendio, fue el más devastador y el que arrasó prácticamente con la totalidad de la Plaza, la cual tuvo que ser reconstruida por el arquitecto real, Juan de Villanueva. En la reconstrucción, Villanueva respetó bastante las trazas de Gómez de Mora, aunque rebajó la altura de los edificios de cinco a tres plantas. La altura de la Plaza se unificó mediante un tejado corrido de pizarra, salteado de buhardillas. Los materiales utilizados fueron principalmente ladrillo y piedra. La novedad más notable fue el cerramiento completo de la Plaza, creando una serie de arcos de acceso en las calles que desembocan en la misma. Villanueva falleció en 1811 y las obras continuaron con el arquitecto municipal, Juan José Sánchez Pescador, con el que colaboraron Antonio López Aguado y Custodio Moreno. Estos arquitectos variaron las disposiciones de Villanueva, elevando los arcos de entrada de las calles construyéndolos de medio punto y eliminando las escaleras de acceso a la Plaza, creando plataformas para facilitar el tránsito de carruajes, pero esta novedad duró poco y pronto se volvieron a colocar las tradicionales escaleras de acceso a la Plaza.

Las labores de reconstrucción y rehabilitación de la Plaza Mayor no acabarían hasta el año 1854. Durante el reinado de Isabel II, la Plaza perdió la función de lugar de espectáculos, para los cuales fue concebida, y se remodeló el espacio central convirtiéndolo en un jardín a la francesa. La Plaza, siguiendo la moda urbanística francesa, fue adoquinada, ajardinada y engalanada con fuentes, y a instancias del entonces concejal de Madrid, Mesonero Romanos, se colocó en el centro la estatua ecuestre de Felipe III, que hasta entonces había estado ubicada en la Casa de Campo.

La Plaza Mayor toma nuevos aires.                                                   

La nueva Plaza con un cierto aire neo-clásico, tendría unas dimensiones finales de 120 por 90 metros, con 114 arcos incluidos los ocho de acceso,

377 balcones, cuatro torres y un total de 76 buhardillas. La Plaza Mayor, convertida en centro neurálgico de Madrid, comenzó a ser lugar de paso obligatorio para comerciantes, compradores, turistas, paseantes…

Plaza Mayor 1870. Museo de Historia
Plaza Mayor 1870. Museo de Historia

No había persona que viviese o estuviese en Madrid que no acabase pasando por ella. Incluso desde el 1877 albergó las cabeceras de algunas de las principales líneas de tranvía de la ciudad; con una actividad tranviaria que duraría hasta 1956. La Plaza Mayor tal y como la contemplamos hoy en día es el resultado de una serie de restauraciones e intervenciones a lo largo de sus cuatro siglos de historia. En 1880, se restauró la Casa de la Panadería, encargándose del proyecto el arquitecto Joaquín María de la Vega. Los frescos de su fachada obra de Luis González Velázquez, fueron repintados debido a su avanzado estado de deterioro.

Felipe vuelve a la Plaza Mayor 1971. Museo de Historia
Felipe vuelve a la Plaza Mayor 1971. Museo de Historia, foto de Peter Witte

En los años 1921 y 1935 se realizaron profundas reformas en las viviendas, sobre todo para consolidar el balconaje. Pero la reforma más importante llevada a cabo en la Plaza Mayor tuvo lugar en los años sesenta. En esta reforma la Plaza recuperó los tejados de pizarra y se regularizaron y ordenaron sus buhardillas. Se cerró al tráfico rodado y se habilitó un aparcamiento subterráneo bajo la propia Plaza. Las obras del aparcamiento tuvieron lugar entre los años 1967 y 1969 y obligaron a subir el nivel del pavimento. Se realizó el adoquinado actual, con el que desaparecieron las zonas ajardinadas. Se suprimió todo tipo de mobiliario urbano para recuperar la grandiosa escala del primitivo proyecto. De esta manera pasó de ser una apacible plaza burguesa donde poder sentarse a leer o pasear, a convertirse en un lugar de tránsito.

 

La Plaza Mayor: Un hito para la ciudad de Madrid.

La última de las grandes actuaciones en la Plaza Mayor, se llevó a cabo en el año 1992, coincidiendo con la titularidad de Madrid como Capital Europea de la Cultura. Esta actuación consistió en la decoración de los muros de la Casa de la Panadería. Los antiguos y deteriorados frescos, fueron sustituidos por otros realizados por el artista Carlos Franco con un programa iconográfico que reunía diversos elementos relacionados con la historia y usos de la Plaza Mayor, tipos castizos y personajes de la  mitología clásica entre los cuales podemos distinguir a la diosa Cibelea,Cupido, Baco, Tritón y entre otros.

Actualmente la Plaza Mayor es uno de los lugares más emblemáticos de Madrid y uno de los favoritos de madrileños y turistas. La plaza sigue siendo el escenario de muchos de los eventos más importantes de la ciudad. Si bien destaca entre ellos el popular mercado de Navidad. La mezcla de madrileños, turistas, comerciantes, paseantes, curiosos etc. hacen de la Plaza Mayor un lugar único donde la tradición convive con la modernidad. Un teatro urbano en el que cada visitante de la Plaza es protagonista de su propia historia. Un teatro que en palabras del escritor francés Alejando Dumas, era el teatro con la bóveda más bonita del mundo: El cielo de Madrid.

 

FUENTE: AYUNTAMIENTO DE MADRID. IV CENTENARIO

LA VIRGEN DE LA PALOMA

La primera peculiaridad que hay que señalar de esta festividad es que, a diferencia de otras en las que se veneran tallas o estatuas que representan a los diferentes santos o vírgenes, en este caso, el centro de todos los actos es un pequeño lienzo del Siglo XVIII  que rápidamente se convirtió en una de las imágenes más veneradas y queridas de Madrid, ¿Cómo es ello  posible?

 

 

 

Nos situamos en el año de gracia de 1787*. Según cuenta la tradición la pintura, que realmente representa a la Virgen de la Soledad, se encontraba abandonada en un corral donde se almacenaba la leña con la que se trataba de aminorar los efectos del frío invierno madrileño. Un hombre se percató de la presencia del lienzo, y de su mal estado, por lo que optó por regalárselo a unos niños que por allí rondaban y que rápidamente comenzaron a jugar con él.

 

La cosa hubiese quedado en un juego de chicos de no ser por la intervención de Andrea Isabel Tintero, la tía de uno de ellos, quien decidió comprárselo a su sobrino a cambio de unas pocas monedas y optó por restaurarlo, enmarcarlo y colocarlo a la entrada de su casa, ubicada en la Calle de la Paloma. Muy pronto se le comienzan a atribuir cualidades milagrosas a la imagen, su fama y devoción va creciendo de manera incontrolable por el vecindario.

 

Tal es así que Andrea Isabel habilita uno de los cuartos de su casa para que la gente pueda realizar el culto en mejores condiciones pero también pronto se queda pequeña. Por ese motivo, en 1795, se levanta una capilla para custodiarla. Ya para entonces, eran muchas las madres que se acercaban con sus bebés en busca de protección divina para sus recién nacidos. Una tradición que se sigue realizando en la actualidad y que incluso adoptó la realeza.

 

Finalmente, en el Siglo XIX, se opta por construir la iglesia que hoy en día sigue guardando aquella imagen que unos niños, inocentemente, rescataron del olvido. Su nombre oficial es el de Parroquia de San Pedro el Real aunque todo el mundo la conoce popularmente como la Iglesia de la Paloma. La virgen, que además es la patrona de los Bomberos, es posiblemente la más querida de todas las advocaciones madrileñas. Sus festejos, verbenas y la pasión con la que la gente vive su festividad, año tras año, así lo demuestran.

 

Cada 15 de agosto, a pesar de las altas temperaturas y de ser pleno verano muchos madrileños y madrileñas se engalanan para rendir su homenaje a una de las advocaciones más queridas de la ciudad, la Virgen de la Paloma. Una fiesta castiza, relativamente reciente.

 

Si estáis por Madrid no dudéis en acercaros hasta La Latina y así disfrutar, en primera persona, de una de las fechas más importantes del calendario. Una fecha, que comenzó a gestarse, de manera inocente, en un corral bajo un montón de leña.

Os recordamos que nuestra agrupación monta, en esas fechas,  su sede en la Plaza de la Paja, donde podéis pasar un rato muy agradable con nuestras actuaciones del Grupo de Teatro, tomando la mejor limonada de todo Madrid, o simplemente reposando de los agobios veraniegos en un lugar muy agradable y acogedor, por nuestra parte seréis muy bien recibidos.

  

*“Según un informe escrito en 1791 por el marqués de Casa García Postigo, alcalde de Madrid, el lienzo, que representa a Nuestra Señora de la Soledad, fue encontrado o regalado a unos niños para que jugaran con él en un solar contiguo a la Calle de la Paloma.

Habitaba en esta Doña Isabel Tintero, quien viendo la escena lo recuperó, limpió, enmarcó y colocó en el portal de su casa.

La veneración que le profesaba Tintero a la imagen se amplió con fervor a los vecinos del lugar.

Dice el mencionado informe:

“… Resulta que la expresada Isabel Tintero, mujer de Diego Charco, de ejercicio cochero, viendo a principios del año 1787 que unos muchachos llevaran arrastrando como por juguete un lienzo de Ntra. Sra. de la Soledad.

Lo arrebató de las manos de aquellos, lo hizo retocar y lo colocó en marzo del propio año en el portal de su misma casa.

Y esmerándose en su culto, le ha promovido con tanto fervor que ha conseguido extender su particular devoción.”

 

 

 

LA PUERTA DEL SOL

Caos dentro de un orden, vida a todas horas, flujos de personas constantemente… así es la la Puerta del Sol, el latido de la vida Madrileña, su pulso, su estado de ánimo. Encrucijada de caminos y vivencias, es complicado pasear por la ciudad y no pasar por ella en algún momento. Su evolución y desarrollo ha ido de la mano del crecimiento de la propia ciudad, un desarrollo que  a lo largo de la historia haya presentado numerosos aspectos bien distintos.

 

La Puerta del Sol se considera no solo el centro geográfico de Madrid, sino también de España.

 

 

Efectivamente, es en esta plaza donde podemos ver el kilómetro 0 de las carreteras radiales de nuestro país. Surgió bajo el reinado de Felipe V. Existe una placa allí, que lo atestigua puesta  de 1950.

Pero quizás nos sorprenda saber qué hace muchos años este lugar se encontraba fuera de la muralla del Madrid medieval, o sea, fuera de la ciudad.

 

Esta es una de las curiosidades históricas de la Puerta del Sol de Madrid que a continuación te vamos a contar.

Historia de la Puerta del Sol

Efectivamente, en el siglo XV este lugar se encontraba en las lindes exteriores de la muralla medieval de Madrid, lo cual también sucedía con la plaza Mayor.

Esta última era justo el lugar donde se concentraban los comerciantes que no querían entrar en la ciudad para no pagar los tributos.

Es más, hasta mediados del siglo XVIII no existía la plaza que en la actualidad configura nuestra Puerta del Sol.

 

 

Es en 1766 cuando se construye la Casa de Correos, encargo realizado a un arquitecto francés, el edificio más carismático de Madrid el cual se ha convertido en la imagen de la Puerta del Sol.

 

No es hasta 1857, en que este edificio pasa  a ser  sede del Ministerio de Gobernación, cuando se inicia la remodelación urbanística de esta singular Plaza

 

En esa época se construyeron los edificios que con forma semicircular delimitan por el norte la característica configuración de la plaza.

En cuanto al diseño actual de la plaza, con un gran espacio peatonalizado, se debe a la última remodelación de 1986

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Otro elemento carismático de la plaza es el reloj de la Casa de Correos, del siglo XIX, muy popular pues es el que desde hace décadas se toma como referente en España para marcar la entrada del nuevo año y que recibió el impacto de un obus durante la guerra civil, que afortunadamente no daño la maquinaria, por lo que actualmente seguimos con la tradición de celebrar el cambio de año con sus campanadas.

 

Monumentos de la Plaza.

 

 

Tenemos en cerca del comienzo de la Calle Alcalá, la estatua del Oso y el Madroño, que ha recorrido diversos emplazamientos a lo largo de las distintas reformas. Ya sabéis que algunos dicen que es Osa y no Oso, pero a los madrileños nos da lo mismo, nos sentimos muy identificados con esta figura.

 

En la parte opuesta, en el comienzo de la Calle Arenal, tenemos la estatua de la Mariblanca, que como casi todas las estatuas tradicionales de Madrid ha estado ubicada en distintos lugares de nuestra ciudad. La estatua expuesta en una réplica, ya que el original se encuentra en el Museo de la Villa.

 

También tenemos la estatua ecuestre de Carlos III, ubicada en esta plaza por votación popular, inaugurándose a finales de 1994.